miércoles, diciembre 21, 2005

Campanitas...

No me gusta la Navidad.
No me gusta la Navidad y esa es una frase que en estas fechas se oye mucho. De niña las disfrutaba muchísimo, pero lo que ahora en realidad disfruto es de esos días de vacaciones (18 este año, para todos aquellos que todavía puedan envidiar algo de la vida del estudiante... os aseguro que a mí me estresa ese "privilegio") y no del espíritu de las fiestas.
De cría nos reuníamos todos en los días señalados en casa de mis abuelos. Y cuando digo "todos" hablo de los 12 hermanos de mi madre, sus respectivos y sus hijos. Eso suponía a veces hasta 30 personas apretujadas alrededor de la mesa, comiendose (además del plato de marisco y del pavo o cordero o lubina o lo que fuese) los codos del vecino y hablando a gritos. Inevitablemente siempre había un momento de mal rollo, o una discusión que subía de tono, o una reprimenda en grado sumarísimo por parte de alguno de los padres a su díscolo cachorro (eventualmente nos tirábamos el pan a la cabeza :p)
Sin embargo, también recuerdo esas veladas con muchísimo cariño y a veces hasta nostalgia. Ya no es sólo que era una de las raras veces en las que nos veíamos todos (y en aquellos tiempos, se recibía con mucho agrado a aquellos familiares a los que no veías en todo el año... es lo bueno de no aguantarlos :p), ni siquiera por aquellas sesiones de tortura continuadas en las que cantabamos villancicos hasta las seis de la mañana (en una ocasión, hasta cantó mi padre!!!!!! O_o) Era por aquellas charlas entre pucheros de mis tías, o los hombres alrededor de la mesa mientras colocaban los cubiertos, era por esas confidencias y cotilleos en los que te enterabas de los "pecadillos" del pasado, de abuelos y bisabuelos , y te reías y descubrías que en tu familia había "material" más que suficiente para montar un buen culebrón. Incluso por aquellas peleas a bofetón declarado con tus primos... pero sólo estábamos jugando, lo juro!!!! Aunque las nenitas de Luis y Pablo siempre acabaran con los mocos colgando llorándoles a sus mamás :p
La Navidad del año pasado fue, sin pensarlo mucho, la peor de mi vida. Mi padre se pasó las fiestas en el hospital, ingresado por una fuerte crisis asmática y tomar las uvas sin tenerle al lado fue muy duro (sí, soy una niñita de papá... lo admito sin vergüenza). La enfermedad de mi hermano mostró la primera crisis seria en esas fechas y recuerdo pasarme la noche abrazada a mi madre y llorando de impotencia.
En comparación, pues, la de este año tiene que ser mejor por narices ^___^ Ya no habrá sesiones con los primos para montar el belén y discutir acerca de donde poner el ultimo pedazo chorreante y mohoso de musgo, ni cuantas ovejas haya que dejar aparte y sin guardar por un Playmovil para que los lobos también puedan comer (niños... quién los entiende? :p) En vez de eso, otra vez me tocará encargarme en parte de la cena. Cada año somos menos y entramos mejor en la mesa, pero ya no hay ese caos tan alegre de antes. Por suerte, mis tios no dejan de procrear y no faltan los niños (sí, sé que más de uno se está llevando las manos a la cabeza con ese "por suerte" :p ) que son los que verdaderamente dan el espíritu adecuado a las fiestas. Hay que ver la Navidad a través de los ojos de un niño.
Este año la Navidad tiene que ser mejor que la anterior, vuelvo a decir (sí, lo sé, lo sé. Ya me estaba dispersando) y pese a eso, echo ya de menos no estar con ciertas personas. No los regalos (en mi casa no hay costumbre de regalarse nada), sólo la compañía y los abrazos y el tiempo juntos.
Sin embargo... Feliz Navidad. Porque ya que hay que pasar por ellas, al menos que lo hagamos con buen ánimo.
Además... despues de Año Nuevo, llega el Día de Reyes (y tú ya me entiendes...)